La economía circular empieza cuando los recursos dejan de estar invisibles.
Una empresa paga por retirar un material que ya no necesita.
Mientras tanto, quizá a pocos kilómetros, otra empresa está comprando una materia prima con características similares.
Las dos operaciones pueden estar ocurriendo al mismo tiempo y en el mismo territorio sin que ninguna de las empresas sepa que la otra existe.
Ahí aparece una de las paradojas de la economía circular: el problema no siempre es la ausencia de recursos, sino la ausencia de información, conexión y trazabilidad.
La economía circular también es un problema de información
Durante mucho tiempo hemos asociado la economía circular principalmente con reciclar mejor, reducir residuos o reutilizar materiales. Todo ello forma parte del modelo, pero existe otra dimensión menos visible y cada vez más importante: la capacidad de conocer qué recursos existen, dónde están, quién los genera y quién podría utilizarlos.
En muchos territorios, esa información permanece fragmentada.
Cada empresa conoce sus propios procesos, sus residuos, sus necesidades de aprovisionamiento y sus costes de gestión. Sin embargo, pocas veces dispone de información suficiente sobre lo que ocurre en las empresas de su entorno.
El resultado es sencillo de entender: recursos potencialmente aprovechables pueden acabar gestionándose como residuos mientras otras organizaciones continúan adquiriendo materias primas nuevas.
La digitalización puede ayudar precisamente a cerrar esa brecha.
Hacer visibles los flujos materiales
Las herramientas digitales permiten organizar información que hasta ahora estaba dispersa y convertirla en conocimiento útil.
Una plataforma de simbiosis industrial puede, por ejemplo, registrar ofertas y demandas de materiales, clasificarlas, incorporar criterios de localización y facilitar que una empresa encuentre posibles usos para un recurso que ya no necesita.
No se trata únicamente de publicar anuncios.
El verdadero valor aparece cuando los datos permiten detectar coincidencias entre oferta y demanda, localizar oportunidades de proximidad y construir progresivamente un mapa de recursos del territorio.
Ese conocimiento puede facilitar decisiones empresariales, pero también ofrecer información relevante para administraciones, entidades de desarrollo local o agentes que trabajan en políticas de economía circular.
De los datos a las oportunidades
Imaginemos algunos ejemplos sencillos.
Una industria genera regularmente un determinado subproducto.
Otra empresa necesita un material con determinadas propiedades para su proceso productivo.
Un negocio dispone de excedentes de embalajes.
Otro necesita soluciones de protección o transporte para sus productos.
Una empresa tiene equipos o materiales que han dejado de ser útiles para su actividad.
Otra podría reutilizarlos, repararlos o transformarlos.
La oportunidad existe solo cuando ambas partes pueden encontrarse.
Por eso las plataformas digitales pueden convertirse en una infraestructura importante para la economía circular: reducen la distancia informativa entre organizaciones que, aun estando cerca físicamente, permanecen desconectadas desde el punto de vista productivo.
Pero conectar no es suficiente
Un marketplace de recursos no puede limitarse a poner en contacto empresas.
Para que un intercambio sea realmente útil y pueda integrarse en una estrategia empresarial de circularidad, es necesario incorporar otras capas de información.
¿Qué material se está intercambiando?
¿En qué cantidad?
¿De dónde procede?
¿Qué tratamiento requiere?
¿Puede utilizarse legalmente para el destino previsto?
¿Qué recorrido realiza?
¿Qué impacto ambiental puede asociarse al intercambio?
Aquí entra en juego otro concepto fundamental: la trazabilidad.
Saber que dos empresas pueden intercambiar un recurso es el primer paso. Poder documentar ese intercambio y disponer de evidencias sobre lo ocurrido es lo que permite convertir una operación puntual en información útil para la gestión empresarial y territorial.
Cuenca Circular: empezar por conocer el territorio
Antes de construir herramientas tecnológicas complejas, existe una pregunta previa:
¿Quién está haciendo qué en el territorio?
Ese fue precisamente uno de los puntos de partida de Cuenca Circular.
La iniciativa comenzó como una herramienta de mapeo y activación territorial vinculada al proyecto Simbiosis Industrial. Durante la fase inicial de diagnóstico se identificaron agentes interesados en colaborar y se utilizó cuencacircular.ehttps://cuencacircular.esscomo punto de encuentro para comenzar a hacer visible ese ecosistema.
El diagnóstico realizado confirmó además la existencia de una demanda de herramientas capaces de facilitar la conexión y la trazabilidad de intercambios locales.
Cuenca Circular representa, por tanto, una primera capa: conocer capacidades, proyectos, empresas y personas que ya están trabajando o quieren trabajar en modelos de economía circular.
Pero el siguiente paso consiste en conectar también los recursos.
El siguiente paso: Simbiosis Industrial
Sobre esa lógica se está desarrollando Simbiosis Industrial, una plataforma digital orientada a facilitar el intercambio de recursos entre empresas y organizaciones.
El diseño previsto contempla funcionalidades como el registro de empresas, la publicación de ofertas y demandas, filtros de búsqueda, gestión de intercambios y sistemas progresivos de recomendación y trazabilidad.
La propuesta va más allá de un marketplace convencional.
El planteamiento del proyecto contempla integrar progresivamente herramientas para:
- localizar oportunidades circulares;
- conectar oferta y demanda;
- registrar intercambios;
- generar información sobre la actividad realizada;
- mejorar la trazabilidad;
- incorporar formación en economía circular;
- y, en fases posteriores, utilizar inteligencia artificial para mejorar las recomendaciones y la búsqueda de coincidencias.
La tecnología, en este caso, no es el objetivo.
Es la infraestructura que permite que información dispersa pueda convertirse en decisiones.
Una infraestructura digital para la circularidad territorial
Cuando varias empresas participan en una misma plataforma, cada interacción genera conocimiento.
Qué materiales aparecen con mayor frecuencia.
Qué sectores generan determinados recursos.
Qué necesidades se repiten.
Dónde existen excedentes.
Dónde aparecen oportunidades de reutilización.
Qué distancias existen entre generadores y posibles usuarios.
Con suficiente participación, una herramienta de este tipo deja de ser únicamente un espacio de intercambio.
Empieza a convertirse en un sistema de inteligencia territorial sobre recursos.
Y esa información puede tener muchas aplicaciones: diseño de políticas públicas, identificación de nuevas actividades empresariales, planificación de infraestructuras, desarrollo de servicios de reparación o transformación, formación profesional o creación de nuevos modelos de negocio.
Quizá el recurso ya existe
La economía circular suele representarse mediante círculos perfectos.
La realidad es bastante menos ordenada.
Los materiales están repartidos entre empresas, almacenes, procesos industriales, obras, talleres y cadenas logísticas. También lo está la información sobre ellos.
Por eso uno de los grandes retos de la circularidad no consiste únicamente en inventar nuevos materiales o nuevas tecnologías.
Consiste también en conectar mejor lo que ya tenemos.
Porque quizá la materia prima que una empresa está buscando ya existe.
Puede estar incluso a pocos kilómetros.
Solo falta que ambas partes puedan encontrarse.
Y ahí es donde las herramientas digitales pueden empezar a cambiar las reglas del juego.
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